Septiembre florece en el campo: comienza el periodo de siembra de soja en Paraguay

Septiembre marca el encuentro entre dos comienzos: la llegada de la primavera y el inicio de la principal etapa de siembra de soja en Paraguay. Para DAPSA, este momento representa mucho más que poner una semilla en la tierra: es el comienzo de un nuevo ciclo que combina naturaleza, planificación, tecnología y prácticas orientadas a la conservación del suelo.

Con la llegada de la primavera y las primeras lluvias regulares, el campo paraguayo inicia una de las etapas más importantes del calendario agrícola. La siembra de los principales cultivos extensivos, especialmente la soja, comienza habitualmente entre septiembre hasta los primeros días de noviembre, y requiere elegir cuidadosamente el momento en que las condiciones del suelo y del clima son adecuadas. La temperatura también es determinante: para una correcta implantación, el suelo debe superar los 20°C y mantenerse dentro de un rango favorable para el desarrollo del cultivo.

Pero antes de que una semilla germine, existe todo un proceso de decisiones y preparación. La elección de la variedad, su adaptación a la región y al clima, el tratamiento preventivo de las semillas, la regulación de los implementos agrícolas y la aplicación precisa de abonos forman parte de una planificación en la que la tecnología tiene un papel fundamental. Incluso la cantidad y la distancia entre las semillas responden a las características de cada variedad. Así, una tarea que a simple vista parece tan sencilla como sembrar, en realidad encierra conocimiento, inversión y precisión.

En DAPSA, este proceso se desarrolla bajo el Sistema de Siembra Directa, una técnica conservacionista que busca producir cuidando al mismo tiempo el suelo y el ecosistema. También influye directamente en la producción y en el rendimiento, al generar condiciones favorables para el desarrollo de los cultivos. El sistema se sostiene sobre tres pilares: cero labranzas, evitando remover agresivamente la tierra; cobertura permanente, mediante rastrojos o plantas vivas que ayudan a conservar la humedad y reducir la erosión; y rotación planificada de cultivos, alternando soja, maíz, trigo y abonos verdes para favorecer el equilibrio del suelo y reducir los ciclos de plagas y enfermedades. En Paraguay, la siembra directa tiene una adopción que alcanza entre el 95% y el 99% de la superficie agrícola mecanizada, mientras que en DAPSA alcanza el 100%.

La relación entre la primavera y la siembra se vuelve entonces casi natural. Así como la nueva estación transforma el paisaje con flores y nuevas formas de vida, una semilla inicia bajo tierra un proceso que continuará durante los siguientes meses: germinar, crecer, florecer y finalmente convertirse en cosecha. La soja necesita calor y humedad para desarrollarse, pero condiciones más secas para ser cosechada, por lo que cada etapa requiere acompañamiento y decisiones precisas.

En el campo, septiembre no es solamente una fecha del calendario. Es el momento de volver a empezar. Y detrás de cada nuevo ciclo hay una combinación de naturaleza, conocimiento y tecnología que permite sembrar pensando no solo en la próxima cosecha, sino también en la conservación de la tierra que hará posibles las que vendrán.

Para DAPSA, cada nueva siembra representa también una oportunidad para reafirmar una forma de trabajar: producir con planificación, incorporar tecnología y cuidar los recursos que hacen posible la actividad agrícola. En este nuevo ciclo que comienza con la primavera, la empresa fomenta una agricultura que mira hacia adelante, entendiendo que el crecimiento del campo también depende de conservar hoy el suelo, la biodiversidad y las condiciones necesarias para seguir produciendo mañana.

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